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El destino nos agrupa

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El destino nos agrupa

Mensaje por Invitado el Mar Jun 11, 2013 3:11 pm

Como si el tiempo se quedara prematuro a su lado, un joven se paseaba por las calles de aquella ciudad con una gran mochila a su espalda, mostrando ser poseedor de una gran número de viajes tras esta y como no poseía alguna preocupación. Todo se podía negar si de verdad se le conociera y supiera la gravedad en la que estaba viviendo, aquella mochila llena de piedras con las que fortalecer su espalda y no perder nunca el sentido de entrenar y una altura que le hacía poseedor de muchas miradas de aquellos residentes que, como poco, se creían mejor que el recién llegado. Vestido con harapos junto con la suciedad que marcaba su pálida piel hacía que el joven se marcara como alguien pobre y sin mucho que hacer en la vida sin más que mostrar una mala imagen, un vagabundo o algo peor. Su cabello rubio reflejaba los rayos de sol que terminaban por golpear su rostro quedando este en una expresión afligida al no estar acostumbrado aun a los días soleados y a la luz comprimida en un buen estado de buena climatología. Los visitantes resoplaban al subestimar su estatus social, algo normal si no se conocía la verdadera naturaleza del joven que con una amplia sonrisa mostraba sus níveos dientes para proseguir con aquella caminata tan placentera con un solo fin.

Pasos descalzos y una musculatura que muchas mujeres desearían tener entre sus brazos, los hombres le miraban con envidia y algún que otro con deseo, no se podía despreciar ambos sexos que eran testigos de un cuerpo diez, de un rostro modélico y un cabello peculiarmente poco visto. Meliodas sabía lo famosa que era la ciudad por sus ricos, por las personas con grandes fortunas que gastaban el dinero sin pensar, en tonterías, en cosas que no le servirían para nada en vez de intentar aprovecharlo o colocarlo en inversiones rentables. Así fue como el día entero pasó mientras el pirata caminaba por la ciudad entrenando su cuerpo con aquella mochila que le permitía poder adaptarse a una mayor gravedad pues el peso en la espalda le impedía caminar con normalidad. Las gotas de sudor se mezclaban con los rayos de la luna que asomaba por el cielo oscuro indicando así que la noche había llegado algo prematuramente. La verdadera razón por la que Meliodas se encontraba en la ciudad era los rumores acerca de cómo los reyes de aquella ciudad utilizaban esclavos como medio de pago en los pedidos o importaciones hechas a otros países. El pelirrubio lo podía soportar, su pasado le indicaba que la ira de sus acciones serían bien vistas por todas aquellas personas que murieron en Tequilla, todos los ancianos que no pudieron ver a sus nietos crecer, a todos los niños que no conocieron a sus padres y por él mismo, por él mismo acabaría con todo aquello.

El agotado muchacho quedó mirando las puertas principales del castillo, un lugar lujoso y lleno de criados que servían a un vil rey sin escrúpulos y con poca inteligencia al pensar que los esclavos serían una buena moneda de cambio. Los ojos granates del civil se postraron en aquel lujoso lugar, un deseo desenfrenado había inundado su pecho al bloquearle el sentido y hacer que sus piernas actuaran por sí solas. Los patrulleros serían su primera carnada con la que le facilitaría la entrada con el fin de llegar al final del camino que llevaría hasta los confines del infierno. Sus pasos lentos y el rostro descubierto se dirigieron hasta las rejas con las que no podría entrar hasta conocer la contraseña oportuna. - ¡Eh, largo de aquí vagabundo! – un comentario normal en uno de los guardias de la entrada-. Una respuestas vacía pies Meliodas no alegó palabra alguna, su sentido quedó en silencio para hacer que este último se enfureciera para salir del interior, abriendo las rejas y disponiéndose a agredir al joven, algo mal calculado aun cuando este portara una espada. – Lo siento… tengo que salvarlos a todos – expresó el pelirrubio mientras interponía la dirección de la espada con la diestra dejando la mano del guardia detenida al viento, creando un asombro en su mirada y una sonrisa en el joven de rubios cabellos-. La fuerza del muchacho era algo superior a la del guardia, efectos de haber sido un gladiador y un esclavo, un sentido de ira le había irradiado al no poder contener la alegría de usar su fuerza por el bien, por su bien. – Estorbas – expresó mientras agitaba su zurda golpeando en la muñeca diestra del guardia haciendo que la espada cayera al suelo para proseguir con un impacto con el codo derecho, habiendo soltado su muñeca previamente, en el pecho para hacer que cayera al suelo inconsciente pero con vida-.


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Re: El destino nos agrupa

Mensaje por Invitado el Miér Jun 12, 2013 2:19 am

- Malditos aristócratas - Susurró el pelinegro moviéndose entre la gente de la ciudad en aquel soleado y caluroso día. Todos iban vestidos con ropas demasiado finas y elegantes, llegando incluso a ser demasiado rimbombantes y pomposos a lo que se le agregaban peinados exóticos y joyas ornamentales de todo tipo de color y tamaño. Sin duda cada lugar donde los ojos se clavaban se podía apreciar el lujo y el despilfarro de dinero de manera excesiva, una imagen bastante falsa que tenía aquel reino que era tan famoso por abusar de la gente pobre por medio de la esclavitud bajo el nombre "pago de deudas".

El joven había llegado algunos días antes, tras un conflicto con su antiguo compañero de viajes que terminó por bifurcar sus caminos. Por un lado Eloy se había llevado su bote, mientras que por otro había dejado a Zayden en aquella isla, en la villa Fucsia donde solo le quedaba la opción de buscarse un nuevo objetivo. Aparentemente sus deseos rebeldes contra el gobierno habían instigado a cierta inconformidad con su colega lo cual fue completado por su instinto de batalla natural y sus deseos de superación bélica por medio de batallas.

Su llegada a la villa fue tranquila, pues no había particular interés en su persona sin importar la apariencia salvaje que aun poseía por los restos de armadura de cuando fue atrapado y esclavizado. Más el trato de la gente de la cantina fue bastante amable, siendo ellos quienes le explicaron la situación actual de la isla, las injusticias del famoso Reino de Goa y los problemas de la Grey Terminal, así como proporcionar un hospedaje y algo de comida un par de días. Ahí mismo fue donde compro lo necesario para adentrarse en la gran ciudad de la isla con una sola idea en su cabeza, liberar algunos esclavos y hacer pagar al gobierno por ignorar tales crímenes, además de conseguir algunos lujos para su viaje... como un bote, dinero y tal vez un poco de fama. Al menos ahora en sus manos estaba la herramienta necesaria para tal aventura... el poder de su akuma no mi.

"Jhm... necesitaré conseguir algo de información... tal vez un bar" Pensó el joven mientras su paseo, obviado por la gente gracias a su nueva vestimenta consistente de un traje negro con corbata incluida y una camisa anaranjada de perfecta combinación, le llevó a encontrarse a si mismo en una de las poca zonas de diversión de tan arrogante gente. Sin embargo al adentrarse no esperaba encontrarse con lo que sus ojos se toparon. Un bar muy diferente, con bebidas de muy alta clase y mesas de lujo... más bien parecía un restaurante de esos a los que nunca había pensado ingresar. Estaba afuera de lugar... pero no sabía que no era el único en la ciudad.


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Re: El destino nos agrupa

Mensaje por Invitado el Jue Jun 13, 2013 1:53 pm

-¿Por qué todo el mundo me odia? – se preguntaba nuestro pequeño pirata mientras se encontraba apaleado en las puertas de aquel lugar-. Numerosos miembros de la justicia sin llegar a ser marines le apaleaban, patadas, rodillazos, puñetazos y golpes con barras mientras la sangre y los dientes de nuestro pirata salían despedidos a lugares inimaginables, lugares en los que se encontraba esa parte perdida del calcetín, las gomas de borrar que se caían en clase y los pendientes, todos reunidos en esa zona entre dos dimensiones. Así fue como nuestro joven había terminado en ese estado tan lamentable no sin antes hacer que todos los presentes pudieran entender que era lo que realmente había ocurrido.

Veinte minutos antes al presente. Nuestro pirata había logrado derribar a ese guardia con la suerte de hacer que su mente no se agotara pues su pequeño cuerpo no le permitía tener una amplia resistencia. Así fue como sus pasos siguieron hasta el punto en que un número ínfimo de sujetos se encontraron frente a él, la mirada del Meliodas indicaba seguridad en sí mismo, su espada en la espalda no parecía ser la elegida para emprender ese combate ya que la manos del peli rubio quedaron estiradas hacia delante con los puños cerrados indicando así que la pelea sería cuerpo a cuerpo. Quizá todo hubiera quedado en un momento de valentía elegancia y solvencia como en las series anime donde en la siguiente escena aparecía el protagonista rodeado de cadáveres o personas derrotadas y el protagonista sin un solo rasguño. Esto no era anime y Meliodas terminó como merecía.

Ahora regresando al presente, el pequeño pirata fue expulsado de aquella entrada dejando que sus últimas fuerzas se bastaran para arrastrarse por el suelo cual gusano de seda, las acciones que mostraba como era el arrastrase lo hacía por dos razones claras. La primera era por la poca fuerza que le quedaba y la segunda pero no menos importante, desde ese ángulo podía ver todo tipo de ropa interior  de las féminas que pasaban por el lugar. Hermoso punto de vista y las mejillas sonrojadas del joven no pudieron levantar otra cosa que gritos de horror pues las mujeres, al darse cuenta de la presencia de tal pervertido, no tardaron en golpearle dejándole aun peor que estaba. Así fue como sus pasos terminaron en la entrada de un bar restaurante, no tenía hambre, tampoco sed pero había visto una dama de gran busto entrar y eso no se lo quería perder. Eso no pudo evitar que sus mal pasos llegaran hasta tropezar golpeando a un alto y corpulento hombre de oscuro cabello. – Eh eh eh, sin tocar – acotó el tonto pirata mientras se limpiaba la suciedad de su rostro-.

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Re: El destino nos agrupa

Mensaje por Invitado el Dom Jun 16, 2013 5:41 am

Poco tiempo después de alistarme en la Marina, me enviaron del Wets Blue al East Blue, el cuál se encontraba a la otra punta del mundo, tuve que atravesar todo el mar diagonalmente para poder llegar, el viaje duró semanas, casi dos meses, no llegó a más gracias a que viajaba en un barco que hacía travesías para que la gente pudiera ir de un mar a otro sin correr el peligro de morir por el camino, los marineros estaban bastante bien preparados por si algún peligro acechaba, y el capitán del barco manejaba bastante bien todo tipo de situaciones, ya sean peligrosas o cómicas, lo bueno era que gracias a él, todos los tripulantes que viajaban a otros mares, en esta trevesía era precisamente al East Blue, llegaban sanos y salvos al lugar al cuál querían dirigirse.

¡Tierra a la vista, es la Isla de Dawn!

Se podía escuchar desde mi camarote, acababa de comer y quería echarme una siesta, la cuál no fue muy larga, pero si lo suficiente como para recuperar fuerzas, estaba un tanto cansado de tanto viaje por agua, habíamos parado varias veces para bajar a tierra a coger provisiones y para que los tripulantes del barco no se desesperaran, pero la verdad era que tenía muchas ganas de llegar a un lugar y quedarme en ese lugar más de tres días, iba a echar de menos el barco, a la gente que conocí en él y por supuesto a todos los lujos que te ofrecían por confiar en sus servicios, pero debía de prepararme, hacer las maletas y demás, ya que mi destino se encontraba en frente de mi, solo a unos pocos minutos.

Una vez llegamos a tierra, muchísima gente bajó del barco, esperé a que la mayoría bajaran ya que lo más probable, si intentaba bajar con toda esa gente, era que me empujaran, me cayera al suelo, y a causa de eso me pisotearan entero, y no tenía muchas ganas de aquello la verdad; una vez toda esa marabunta de gente desapareciera, bajé del barco, haciéndole un gesto de despedida al capitán, ya que graias a él, pude llegar a donde quería, él me respondió de la misma manera, no tardaron mucho en hacerse de nuevo a la mar, para emprender el largo viaje de vuelta al West Blue, no llegaba a comprender como podían aguantar tanto tiempo en la mar, seguramente ya estaban acostumbrados a ello, y les agradaba su trabajo; pero ahora debía de centrarme en lo que tenía que hacer en la Isla.

Me dirigí al mapa general que se encontraba no muy lejos del puerto, para encontrar Villa Fucsia, el lugar al cuál tenía que dirigirme, no tardé mucho en llegar, y comenzó a entrarme hambre y sed, era la hora de merendar, y nunca me la saltaba pasase lo que pasase, llegué a un Bar-Restaurante, el cuál se llamaba Taberna de Lobos, suponía que lo de lobos era porque muchos piratas se pasaban por allí, por lo que debía de mantener mi identidad de Marine en secreto, ya que acababa de alistarme y no quería terminar en el hospital el primer día en llegar a la isla, me acerqué al Bar-Restaurante y pude ver a un hombre alto y corpulento de cabello oscuro, el cuál se chocaba con otro, más pequeño que él, pero un poco más grande que yo, no mucho pero más alto si que era, era un tipo de pelo rubio y ojos rojos, el cuál estaba bastante malherido, y parecía que el tipo corpulento le quisiera empeorar aún más su estado.

-¡Para! Se ha chocado contigo, nada más... - Le dije mientras me dirigía hacia ellos, tenía intención de ayudar al chico de ojos rojos, ya que por su aspecto se había metido en problemas anteriormente y debía de ir al hospital, la comida podía esperar...



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Re: El destino nos agrupa

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